El consumo de bebidas energéticas en adolescentes preocupa por su elevada cantidad de cafeína, su contenido en azúcar y la facilidad con la que pueden comprarse. Aunque se presentan como productos para aumentar la concentración o combatir el cansancio, no son bebidas adecuadas para menores de edad.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, AESAN, desaconseja su consumo entre los adolescentes. Una sola lata grande puede aportar una cantidad de cafeína equivalente a varios cafés y provocar alteraciones del sueño, nerviosismo o palpitaciones.
Qué contienen las bebidas energéticas
El ingrediente más importante es la cafeína. Muchas bebidas energéticas contienen alrededor de 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros, aunque la cantidad puede variar entre productos.
Una lata de 250 mililitros puede aportar unos 80 miligramos de cafeína. En un envase de 500 mililitros, la cantidad puede alcanzar los 160 miligramos, aproximadamente el equivalente a dos cafés expresos.
Además, pueden incorporar taurina, guaraná, ginseng, vitaminas del grupo B y otros ingredientes estimulantes. El guaraná también contiene cafeína, por lo que hay que valorar la cantidad total de cafeína y no solamente la que aparece asociada a un ingrediente concreto.

Cómo afectan las bebidas energéticas al sueño
Uno de los efectos más frecuentes es la dificultad para dormir. La cafeína puede retrasar el momento de conciliar el sueño, reducir su duración y provocar que el descanso sea menos reparador.
En adolescentes de 11 a 17 años, más de 60 miligramos de cafeína pueden alterar el sueño. Esa cantidad puede encontrarse en unos 200 mililitros de una bebida.
El problema puede convertirse en un círculo difícil de romper. El adolescente toma una bebida para estudiar o aguantar despierto, duerme peor y al día siguiente vuelve a recurrir a la cafeína para combatir el cansancio.
Dormir menos no mejora el rendimiento académico, aunque durante un tiempo el menor se sienta más despierto. La falta de descanso puede afectar a la atención, la memoria, el estado de ánimo y la capacidad para afrontar las actividades diarias.
Palpitaciones, nerviosismo y otros efectos
La cafeína estimula el sistema nervioso y puede aumentar la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la respiración.
Entre las molestias más habituales aparecen nerviosismo, irritabilidad, temblores, dolor de cabeza, molestias digestivas, dificultad para concentrarse y palpitaciones.
El consumo regular también puede generar tolerancia. Esto significa que el cuerpo se acostumbra y necesita una cantidad mayor para conseguir el mismo efecto.
Cuando se deja de tomar cafeína de forma brusca pueden aparecer dolor de cabeza, cansancio, somnolencia o irritabilidad. Estas molestias no justifican mantener el consumo, pero pueden explicar por qué algunos adolescentes sienten que necesitan estas bebidas.
No son bebidas para hacer deporte
Las bebidas energéticas no deben confundirse con las bebidas isotónicas. No están diseñadas para reponer el agua y los minerales perdidos durante la actividad física.
Tomarlas antes o después de entrenar puede aumentar la exposición a la cafeína justo cuando el organismo ya está sometido al esfuerzo. La AESAN recomienda que no sustituyan al agua ni a otras bebidas.
Para la mayoría de las actividades deportivas realizadas por adolescentes, el agua suele ser suficiente para mantener una hidratación adecuada. Las necesidades especiales deben valorarse con profesionales sanitarios o especialistas en nutrición deportiva.
El riesgo de mezclarlas con alcohol
La combinación de bebidas energéticas y alcohol es especialmente peligrosa. La cafeína puede hacer que la persona se sienta más despierta, pero no reduce la cantidad de alcohol en sangre ni evita sus efectos sobre la coordinación y el juicio.
Esta mezcla puede disminuir la percepción subjetiva de embriaguez y favorecer que el adolescente siga bebiendo.
Las familias deberían explicar que el efecto estimulante no neutraliza el alcohol. La persona puede sentirse menos cansada y, al mismo tiempo, continuar intoxicada y tomar decisiones de riesgo.
Cómo leer correctamente la etiqueta
Las bebidas con más de 15 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros deben mostrar la advertencia: «Contenido elevado de cafeína: no recomendado para niños ni mujeres embarazadas o en período de lactancia».
Para conocer la cantidad real de una lata hay que multiplicar ese dato por el volumen total. Un envase de 500 mililitros con 32 miligramos por cada 100 mililitros contiene 160 miligramos de cafeína, aunque se beba en pocos minutos.
También hay que sumar otras fuentes consumidas durante el día, como café, té, refrescos de cola, chocolate, suplementos deportivos o productos con guaraná.
Qué pueden hacer las familias
La conversación debería evitar los sermones y centrarse en información concreta. Explicar la cantidad de cafeína de una lata y sus efectos sobre el sueño puede resultar más útil que limitarse a prohibirla.
También conviene preguntar por qué la consume. Algunos adolescentes recurren a estas bebidas para estudiar, entrenar, salir de fiesta o compensar una falta habitual de descanso. Conocer el motivo permite buscar alternativas más adecuadas.
Para recuperar energía son más útiles una rutina de sueño suficiente, comidas regulares, agua y descansos durante el estudio. Cuando el cansancio es constante pese a dormir bien, conviene consultarlo con el pediatra en lugar de ocultarlo con estimulantes.
Cuándo hay que buscar ayuda médica
Si un adolescente presenta temblores, ansiedad intensa, vómitos o palpitaciones después de consumir una bebida energética, no debe tomar más cafeína ni realizar ejercicio. Es recomendable informar a un adulto y consultar con un profesional sanitario.
Ante dolor en el pecho, dificultad para respirar, desmayo, confusión, convulsiones o un ritmo cardiaco muy rápido o irregular, se debe solicitar atención urgente llamando al 112.
Las bebidas energéticas en adolescentes no son una solución segura para el sueño, el cansancio o la falta de concentración. Hablar sobre sus riesgos y revisar juntos las etiquetas puede ayudar a que los jóvenes tomen decisiones más conscientes.



