El incendio de Buitrago de Lozoya aumenta la preocupación por nuevos incendios en Madrid

incendios en Madrid

El incendio declarado en la Sierra Norte ha vuelto a poner el foco sobre el riesgo de incendios en Madrid durante las próximas semanas. El fuego ha afectado a zonas de Lozoyuela, Buitrago de Lozoya y Puentes Viejas, obligando a confinar y evacuar algunos núcleos mientras los equipos de emergencia trabajaban para controlar las llamas.

Este incendio no significa necesariamente que vayan a producirse otros de las mismas dimensiones. Sin embargo, Madrid se encuentra en plena temporada de peligro alto, con temperaturas elevadas, vegetación seca y una previsión estacional que apunta a un verano más cálido de lo habitual.

La combinación de estos factores permite afirmar que la posibilidad de que se registren nuevos incendios forestales sigue siendo importante, especialmente si aparecen episodios de calor intenso, viento o actividades humanas capaces de provocar una chispa.

Qué ha ocurrido en el incendio de Buitrago de Lozoya

El incendio forestal se originó en el entorno de Lozoyuela y terminó afectando también a los términos municipales de Buitrago de Lozoya y Puentes Viejas, además de las pedanías de Cinco Villas y Manjirón.

La Comunidad de Madrid ordenó el confinamiento de Cinco Villas y la evacuación de algunas zonas aisladas de Buitrago de Lozoya. También habilitó el polideportivo municipal para atender a las personas afectadas.

En las labores de extinción participaron decenas de dotaciones terrestres, medios aéreos, Bomberos de la Comunidad de Madrid, Bomberos Forestales, Agentes Forestales y efectivos de la Unidad Militar de Emergencias.

El operativo también obligó a cortar algunos tramos de las carreteras M-126 y M-135, mientras los equipos trabajaban para controlar y perimetrar el incendio.

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Hay probabilidades de que se produzcan más incendios en Madrid

No existe una cifra oficial que permita asegurar cuántos incendios se producirán o qué porcentaje de posibilidades hay de que aparezca uno nuevo. Los incendios dependen de muchos factores, incluidos el estado de la vegetación, la humedad, el viento, las temperaturas y la actividad humana.

Lo que sí se puede valorar es el nivel general de peligro. La Comunidad de Madrid se encuentra en la época de riesgo alto de incendios forestales, que abarca desde el 15 de junio hasta el 30 de septiembre.

Además, la Agencia Estatal de Meteorología prevé una probabilidad muy alta de que las temperaturas medias de julio, agosto y septiembre se sitúen por encima de los valores habituales en España.

Un verano más cálido no provoca por sí solo un incendio, pero sí contribuye a secar la vegetación y facilita que cualquier chispa pueda convertirse en un fuego difícil de controlar.

El calor y la vegetación seca elevan el peligro

La temperatura es uno de los elementos que más influye en el comportamiento de los incendios forestales. Durante los periodos prolongados de calor, la humedad del suelo y de las plantas disminuye.

La hierba seca, las ramas, las hojas y los matorrales pueden actuar como combustible. Si se produce una ignición, las llamas encuentran más facilidad para avanzar.

A este escenario se puede sumar el viento. Las rachas fuertes aportan oxígeno al fuego, cambian rápidamente la dirección de las llamas y pueden transportar pavesas a otros puntos, originando nuevos focos.

Por este motivo, el peligro no depende únicamente de la temperatura máxima de un día concreto. También deben tenerse en cuenta la duración del calor, la ausencia de precipitaciones, la humedad relativa y el viento previsto.

Madrid está en plena campaña de máximo riesgo

El Plan INFOMA permanece activado durante todo el año, aunque la temporada de peligro alto se concentra entre mediados de junio y finales de septiembre.

En 2026 participan en el dispositivo madrileño más de 6.100 profesionales y voluntarios, encargados de las tareas de prevención, vigilancia y extinción.

La campaña incluye retenes, patrullas, medios aéreos, maquinaria pesada, Agentes Forestales, Bomberos y agrupaciones de Protección Civil. Durante los meses de mayor peligro se refuerzan tanto la vigilancia como la capacidad de respuesta.

La Comunidad de Madrid también ha realizado trabajos preventivos en miles de hectáreas mediante podas, desbroces, mantenimiento de cortafuegos y adecuación de pistas forestales.

Estas actuaciones pueden reducir la propagación del fuego y facilitar el acceso de los equipos, pero no eliminan completamente la posibilidad de que aparezcan nuevos incendios.

Madrid ya había registrado 159 incendios durante 2026

Antes del incendio de la Sierra Norte, la Comunidad de Madrid había contabilizado 159 incendios forestales entre el 1 de enero y el 12 de julio de 2026.

La mayoría se quedaron en conatos, es decir, afectaron a menos de una hectárea. En concreto, 129 de esos 159 incendios no superaron esa superficie.

Estos datos muestran que se producen numerosos fuegos de pequeñas dimensiones a lo largo del año, aunque muchos son controlados antes de que puedan extenderse.

El incendio de Buitrago de Lozoya también recuerda que basta con que uno de esos focos coincida con condiciones desfavorables para que la situación se complique y sea necesario desplegar un gran operativo.

La mayoría de los incendios no comienzan por causas naturales

El Plan Anual de Prevención, Vigilancia y Extinción de Incendios Forestales de la Comunidad de Madrid recoge que buena parte de los fuegos están relacionados con la actividad humana.

Entre 2014 y 2023, aproximadamente un 39,3 % de los incendios forestales registrados en la región fueron atribuidos a negligencias o accidentes, mientras que cerca de un 34,7 % fueron intencionados. Solo alrededor del 4,1 % tuvo un origen natural.

Los datos provisionales de 2025 siguieron una tendencia similar. Las negligencias y accidentes representaron aproximadamente el 35,6 % de los casos y los fuegos intencionados, cerca del 36 %.

Esto significa que el calor y la sequedad crean un entorno favorable para la propagación, pero la chispa inicial suele estar relacionada con comportamientos humanos.

Entre las causas estudiadas aparecen quemas de restos vegetales, hogueras, barbacoas, trabajos con maquinaria, quema de residuos y otras actividades capaces de generar fuego o chispas.

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