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Cada vez más niños faltan a clase: qué está pasando para que no quieran ir

absentismo escolar en España

Cada vez más adolescentes españoles faltan al colegio o al instituto, y los últimos datos internacionales muestran que no se trata de una percepción. El absentismo escolar en España ha aumentado y detrás de esas ausencias puede haber mucho más que falta de interés por estudiar: problemas emocionales, dificultades familiares, desconexión con el centro o circunstancias sociales pueden estar influyendo.

Los últimos resultados de PISA 2025 vuelven a poner el foco sobre un fenómeno que preocupa también fuera de España: conseguir que los alumnos no solo estén escolarizados, sino que acudan regularmente a clase.

Uno de cada tres estudiantes españoles había faltado un día entero

España presenta un nivel de ausencias superior a la media de la OCDE. Según PISA 2025, el 34% de los estudiantes españoles de 15 años declaró haber faltado al menos un día completo durante las dos semanas anteriores a la prueba. La media de la OCDE fue del 22%.

El dato resulta todavía más llamativo al mirar hacia atrás. En 2022 era el 28% y en 2018, el 30%. Es decir, la proporción ha subido seis puntos respecto a 2022.

Además, otro 34% aseguró haber faltado al menos a una clase y el 45% reconoció haber llegado tarde al centro alguna vez durante esas dos semanas.

El problema tampoco es exclusivamente español. La OCDE constata un repunte reciente de las ausencias en el conjunto de sus países: desde 2022 ha aumentado la proporción de alumnos que se saltan días completos, clases o llegan tarde.

absentismo escolar en España

¿Por qué los niños faltan cada vez más a clase?

No existe una única explicación para el absentismo escolar. La OCDE advierte de que los problemas de asistencia pueden surgir por la interacción de factores individuales, familiares, escolares, comunitarios y estructurales.

El organismo analiza, entre otros aspectos, la salud y el bienestar del alumno, su desvinculación de la escuela, las relaciones con compañeros y familiares, las creencias de los padres sobre la educación, la relación entre familia y centro o incluso las dificultades relacionadas con el lugar de residencia y el acceso al colegio.

Por eso, preguntarse por qué un adolescente no quiere ir al instituto puede requerir mirar mucho más allá de sus notas.

José Ignacio Cruz Orozco, profesor honorario de la Universidad de Valencia y experto en absentismo escolar, explicaba a El País que detrás de cada caso pueden existir problemas sociales, culturales, económicos o de salud mental.

El psicólogo Alfonso Navarro apuntaba al mismo periódico otro cambio interesante. Frente al joven que antiguamente salía de casa pero no llegaba al colegio, ahora encuentra adolescentes que ni siquiera quieren levantarse de la cama. Según su experiencia clínica, la tecnología permite permanecer en casa entretenido y mantener el contacto con los amigos a través de las redes sociales.

Eso no significa que el móvil explique por sí solo el absentismo. De hecho, los datos disponibles no permiten reducir un fenómeno tan complejo a una sola causa.

La pandemia dejó algo más que clases perdidas

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Las dificultades de asistencia posteriores a la pandemia no han desaparecido por completo. La OCDE señala que, tras la COVID-19, surgió preocupación en numerosos países porque algunos estudiantes tenían dificultades para volver a implicarse de manera regular en la asistencia escolar.

A esto se suma otro dato de PISA que invita a prestar atención al entorno familiar. En España, el 69% de los alumnos afirmó en 2025 que sus padres les preguntaban al menos semanalmente qué habían hecho en el colegio, frente al 77% que decía lo mismo en 2022. Los que hablaban semanalmente con sus padres sobre problemas en el centro pasaron del 60% al 50%.

Son asociaciones que no permiten establecer por sí solas una relación de causa y efecto, pero ayudan a comprender por qué el acompañamiento del alumno dentro y fuera del aula importa.

Faltar a clase provoca peores resultados

Las ausencias repetidas están relacionadas con peores resultados y una mayor desconexión educativa. PISA encuentra una asociación negativa entre absentismo y rendimiento en ciencias en prácticamente todos los países analizados, incluso teniendo en cuenta el perfil socioeconómico. La propia OCDE pide prudencia: un alumno puede rendir peor por faltar, pero también puede empezar a faltar porque ya tiene dificultades académicas.

Su informe específico sobre asistencia escolar relaciona estos problemas también con menor bienestar, desvinculación del aprendizaje y mayor riesgo de abandonar prematuramente la educación.

Por eso, cuando un niño o adolescente empieza a faltar repetidamente, el número de ausencias puede ser solo la parte visible del problema.

Escuchar antes de que faltar se convierta en rutina

Detectar pronto el motivo de las ausencias puede ser tan importante como contabilizarlas. Un ejemplo cercano está en Arganda del Rey, donde existe un plan municipal que coordina centros educativos, Servicios Sociales, Policía Local, centros de salud y otros organismos para prevenir y controlar el absentismo.

La experiencia encaja con una de las grandes conclusiones que deja el fenómeno: no todos los niños que faltan a clase lo hacen por el mismo motivo y, por tanto, tampoco existe una solución única.

El aumento del absentismo escolar en España obliga así a mirar más allá de la falta anotada en el expediente. Detrás de un alumno que deja de ir regularmente al colegio puede haber una historia familiar, emocional, académica o social que necesita ser detectada. Y averiguar qué está pasando puede ser el primer paso para conseguir que vuelva.

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