«Mamá, ya puedo ir yo solo». El momento en el que un niño pide empezar a ir solo al colegio suele provocar una mezcla de orgullo y preocupación en casa. El trayecto puede ser corto y conocido, pero enseguida aparecen las dudas: ¿habrá llegado?, ¿sabrá reaccionar ante un imprevisto?, ¿qué ocurre si cambia de camino?
Que los niños empiecen a ir solos al colegio supone un paso importante hacia su autonomía. Sin embargo, no debería depender únicamente de las ganas del pequeño de hacerlo. Conocer perfectamente el recorrido, saber cruzar con seguridad y tener claro cómo actuar ante un problema son aspectos que conviene trabajar antes de retirar definitivamente el acompañamiento.
Ir solo al colegio no depende únicamente de la edad
La preparación del niño y las características del recorrido son fundamentales antes de permitirle realizar el trayecto sin un adulto.
No todos los menores adquieren autonomía al mismo ritmo y tampoco todos los caminos al colegio presentan las mismas dificultades. Un recorrido corto y conocido no plantea las mismas situaciones que otro que obliga a utilizar transporte público o atravesar varias calles.
Antes de dar el paso, una opción es realizar varias veces juntos exactamente el mismo recorrido que hará después en solitario. Durante esos ensayos se pueden identificar los cruces, recordar dónde debe prestar especial atención y acordar qué ruta utilizará habitualmente.
También conviene plantearle pequeños imprevistos: qué hacer si pierde las llaves, se equivoca de autobús o surge algún problema durante el trayecto.
Y una norma puede simplificar muchas situaciones: si cambia el plan acordado, debe avisar.
Cómo saber que ha llegado sin tener que darle un móvil

Los localizadores GPS infantiles pueden servir como apoyo durante las primeras semanas de autonomía, especialmente para aquellas familias que todavía no quieren proporcionar un teléfono móvil a sus hijos.
Existen dispositivos que se llevan en la muñeca, de forma similar a un reloj, y permiten consultar desde una aplicación dónde se encuentra el menor.
Algunos incorporan también la posibilidad de establecer determinadas zonas, como el colegio o el barrio, y recibir avisos cuando el niño entra o sale de ellas. Así, la familia puede comprobar que ha llegado a su destino sin necesidad de llamarle constantemente o pedirle que mande un mensaje nada más entrar.
Los relojes infantiles con GPS pueden incorporar además mensajes de voz u otras funciones para ponerse en contacto con la familia.
Antes de escoger uno, conviene comprobar aspectos prácticos como su autonomía, las funciones disponibles y la cobertura en los lugares por los que habitualmente se desplazará el niño.
¿Qué ocurre si un día tarda más de lo habitual?
Un retraso no significa necesariamente que haya ocurrido algo, pero tener previamente unas normas claras facilita saber cómo reaccionar.
Al salir del colegio pueden aparecer situaciones cotidianas que modifican el horario previsto: quedarse unos minutos hablando con un compañero, ir después a un entrenamiento, visitar a un amigo o encontrarse con un retraso en el transporte.
Precisamente en esos momentos un sistema de localización puede ayudar a los padres a comprobar dónde está su hijo y diferenciar un simple cambio de horario de una situación que requiere intervenir.
Eso no significa que consultar constantemente la ubicación deba convertirse en la nueva rutina familiar.
Un GPS no sustituye a enseñarles qué hacer ante un problema
La tecnología puede aportar tranquilidad, pero no reemplaza la preparación necesaria para que el niño aprenda a desenvolverse solo.
Antes del primer trayecto sin compañía resulta útil asegurarse de que conoce el camino, identifica los lugares en los que debe extremar la precaución y sabe a quién recurrir si necesita ayuda.
Si se utiliza un localizador, también es importante que el niño sepa que lo lleva y entienda para qué sirve. Puede explicarse como una herramienta que permite pedir ayuda y aporta tranquilidad durante esa primera etapa de independencia.
A medida que vaya adquiriendo experiencia, cada familia podrá decidir cuándo necesita comprobar su ubicación y cuándo puede simplemente esperar a que llegue.
La confianza también se aprende camino del colegio
Dejar que un hijo vaya solo al colegio es un proceso, no una decisión que tenga que producirse de un día para otro. Primero puede practicarse el trayecto juntos y, después, ir reduciendo progresivamente el acompañamiento hasta comprobar cómo responde ante distintas situaciones.
Durante ese proceso, dispositivos como los localizadores de PAJ GPS pueden servir de apoyo para conocer la ubicación del menor o recibir determinados avisos sin necesidad de proporcionarle todavía un teléfono móvil.
Pero el objetivo final va más allá de saber dónde está en cada momento. Que los niños puedan ir solos al colegio implica enseñarles a tomar pequeñas decisiones, respetar los acuerdos familiares y saber cómo reaccionar cuando algo no sucede según lo previsto.
El primer día probablemente los padres mirarán el reloj más veces de lo habitual. Después, cada trayecto conocido y cada pequeño imprevisto bien resuelto irán construyendo algo que ningún dispositivo puede sustituir: la confianza en su autonomía.



